Geopolítica y shôjo manga: 5 lecciones sobre el poder en Akatsuki No Yona

Akatsuki no Yona (La princesa del Amanecer) es un manga escrito por la artista japonesa Mizuho
Kusanagi (llevado al anime por Studio Pierrot), que se encuadra dentro del denominado «shôjo». El
shôjo es un estilo de manga y anime dirigido principalmente a mujeres jóvenes (aunque en los
últimos años, con el progresivo derribo de los roles tradicionales de género, ha alcanzado
popularidad también entre el público masculino). Generalmente, sus tramas están centradas en el
romance adolescente, mezclando amor, comedia, drama, y en ocasiones, incursionando también en
el universo de la fantasía (como en el caso de Akatsuki no Yona). Las temáticas políticas no
abundan en los clásicos del shôjo que nos marcaron la adolescencia a muchos jóvenes de la
generación milennial (Sailor Moon, Marmalade Boy, Fushigi Yügi, Vampire Knight),
probablemente debido a esos mismos estereotipos que antes señalábamos (según la visión
conservadora, a las chicas no les interesaría la política). Sin embargo, Akatsuki no Yona, una obra
más contemporánea, es una sana excepción, y su historia, aunque por supuesto esté centrada en un
relato romántico como todo buen shôjo que se precie (un triángulo amoroso formado por el valiente
guerrero, el astuto príncipe y la princesa adolescente), también es una compleja trama de guerras
feudales e intrigas cortesanas, logrando la autora combinar los juegos de poder de la fantasía oscura
con la estética elegante, suavizada y «kawaii» del shôjo manga. Por ello, desde la teoría de la ciencia
política y de las relaciones internacionales se pueden extraer de sus capítulos lecciones muy
valiosas sobre el poder, ayudando así a derribar los estereotipos que aún por desgracia siguen
rodeando a ambas esferas (la geopolítica y el shôjo), las cuales, como veremos, en ningún caso son
como el agua y el aceite. Aquí os presento las 5 más importantes (y obviamente, habrá spoilers).


1 – Juegos de poder: el reino de Kouka y el golpe de Estado del príncipe Soo-Won

La historia se desarrolla en el país de Kouka, un reino medieval fantástico (inspirado claramente en
la historia y la mitología de Japón, Corea y China) dividido en 5 grandes regiones, cada una de ellas
gobernada por un poderoso clan (Fuego, Agua, Tierra, Viento y Cielo). Este último clan es el que
ostenta además el trono imperial en el castillo Hiryuu, ocupado inicialmente por el afable rey Il. Se
trata de un soberano que rehuye a toda costa los conflictos y apuesta por la solución pacífica de
controversias, lo que queda claro en el discurso que da en los primeros compases de la historia: «El
reino de Kouka es pequeño, rodeado de dos imperios poderosos que tratan de involucrarle en
continuas guerras, pero durante este reinado, el reino ha logrado mantenerse al margen y estar en
paz». Los problemas de su política antibelicista y de apaciguamiento se plantean ya en un irónico
comentario de su general Hakk durante una conversación en el jardín del castillo Hiryuu: «¿Usted
odia las armas verdad alteza? Intente entonces encontrar a alguien que pueda proteger a los demás
sin ellas». Maquiavelo sostenía que el príncipe debe ser amado, pero también temido, y la debilidad
del rey Il le hace finalmente ser víctima de una conjura palaciega. El día del decimosexto
cumpleaños de su única hija y heredera, la princesa Yona (la protagonista de la historia), tras el gran
banquete de celebración, el príncipe Soo-Won (su sobrino), le asesina en mitad de la noche para
usurpar el trono y tomar violentamente el poder, aprovechando que la guardia real se encuentra en
estado de embriaguez. Para salvar su vida, Yona se ve obligada a huir del castillo junto a su
guardaespaldas Hakk (el único general del castillo que se ha mantenido leal a su padre), iniciando
así su arco narrativo, el cual la llevará a vivir emocionantes aventuras. Sin embargo, a efectos
politólogicos, lo que nos interesa de la lucha por el trono de Kouka es el conflicto de legitimidades.

Para Max Weber, existen tres tipos de legitimidad: tradicional, carismática y legal. Mientras el
pacífico rey Il basaba su poder únicamente en la tradición y en la legalidad (fue el heredero
designado por el rey Junam), Soo-Won lo usurpa en nombre de la legitimidad carismática (su padre
Yoo-Hong había sido el mejor general del ejército, victorioso en innumerables batallas y adorado
por el pueblo, y por lo tanto, a su juicio es la persona que debería haber gobernado el reino en lugar
del débil rey Il). Se descubre además que este último, aunque se nos muestre como bondadoso y
pacífico, mandó asesinar a Yoo-Hong debido a que sentía celos de su popularidad y quería librarse
de la competencia por el trono (aunque la propaganda oficial se encargó de presentarlo como un
desafortunado accidente). De este modo, el príncipe Soo-Won se presenta como un soberano que
desea emular a su padre, el gran general, recuperando la prosperidad del reino y protegiéndolo
frente a sus potenciales enemigos: el imperio Kai al norte y los reinos de Shin y Sei al sur.


Tras el magnicidio, el usurpador Soo-Won convoca un consejo extraordinario (el consejo es el
órgano en el que se reúnen los líderes de los cinco grandes clanes para tratar sobre las grandes
cuestiones de Estado). En él, trata de acusar del crimen al general Hakk para que acepten la
sucesión dinástica y su coronación como nuevo rey. Soo-Won sostiene que, a pesar del asesinato del
rey Il, las tribus deben permanecer unidas para defender al reino de Kouka de una agresión
extranjera (busca lo que los politólogos llamamos «la creación del enemigo exterior», para lograr el
cierre de filas en torno al poder). Durante el consejo, se nos rebela además que el rey Il cedió
provincias y pagó tributos a los imperios vecinos para evitar que éstos le declarasen la guerra, con
lo que el poder territorial, militar y económico de Kouka ha decaído considerablemente. En el
consejo, todos los líderes coinciden en que no es el momento de una guerra civil, y que con Yona
desaparecida, Soo-Won es el único candidato con sangre real, por lo que cierran filas con el
usurpador (excepto Mundok, el líder de la tribu del Viento, que comienza a sospechar y trata de
ganar tiempo, aunque Soo-Won en seguida le amenaza diciéndole que el clan del Viento será
considerado como enemigo del reino si no le reconoce como nuevo rey en la inminente ceremonia
de coronación; con ello, Soo-Won está reconociendo de facto que necesita el apoyo formal de todos
los clanes para que el traspaso de poderes sea jurídicamente impecable y que su golpe de Estado
adquiera legitimidad tradicional y legal, no sólo carismática). Para ello cuenta con la ayuda de su
fiel consejero Keishuk, un político inteligente y taimado que nos recuerda al cardenal Richelieu.


El trono del dragón rojo en el castillo Hiryuu. Fotograma del anime.


2 – El palacio y el templo: la leyenda del dios-dragón Hiryuu


Como señalaba el antropólogo Maurice Godelier, desde el origen de las primeras civilizaciones la
religión constituyó el principal pilar ideológico de los Estados, en una doble alianza entre los reyes
y los sacerdotes («el palacio y el templo»), en la que los sacerdotes legitiman el poder del rey, y a
cambio, el rey convierte a los sacerdotes en clase dominante. El reino de Kouka no es una
excepción, contando con una mitología política en forma de leyenda fundacional del reino (que en
la serie se encarga de relatarnos el monje Ik-Soo), que conecta genealógicamente al actual soberano
de Kouka con Hiryuu (el dios-dragón rojo que descendió del cielo para convertirse en humano y ser
el primer rey de Kouka, y que tras sufrir una rebelión, fue épicamente rescatado por los otros cuatro
dioses-dragón; el dragón blanco, el dragón, azul, el dragón verde y el dragón amarillo). Con su
inmenso poder, los cuatro dragones organizaron a sus respectivos clanes para proteger a Hiryuu, y
así, lograron estabilizar el reino. Años después, Hiryuu y los demás dragones desaparecieron, por lo
que sus clanes comenzaron a crecer de forma autónoma, dando lugar a los cinco clanes que forman
el reino de Kouka: Fuego, Agua, Tierra, Viento y Cielo).

La leyenda legitimadora del poder también incluye un mito apocalíptico, lo que mantiene la esperanza entre los plebeyos en aras del retorno de la edad dorada del reinado de Hiryuu: «De acuerdo al pacto ancestral, cuando los cuatro dragones se reúnan, la espada y el escudo que protegen al rey despertarán. Y entonces, el dragón rojo volverá al amanecer» (explica el monje con entusiasmo). Por ello, la princesa Yona, como descendiente de Hiryuu (su cabello rojo confirmaría la profecía), deberá buscar a los cuatro dragones.


No obstante, siempre existirá una tensión entre el palacio y el templo. Durante el reinado de Junam,
en el que se produjo la gran expansión militar de Kouka con las épicas victorias del general YooHong (el padre de Soo-Won), el poder de los monjes aumentó y debilitó el poder del rey (un monje
podía declarar la guerra e incluso censurar al rey si consideraba que había ofendido a los dioses), lo
que comienza a constituir una seria amenaza para el propio Estado. Por ello, Yoo-Hong llega hasta
el punto de expulsar al gran monje del castillo Hiryuu. Este recelo hacia la religión es heredado por
su hijo Soo-Won, que tras usurpar el trono, proclamará en un solemne discurso: «No quiero un cielo
que sólo observa, sino el poder de la gente», en respuesta a los consejeros que le aconsejan sobre la
necesidad de nombrar a un nuevo gran monje para el castillo Hiryuu. Acto seguido, incluso se
atreve a añadir estas amenazadoras palabras: «Restauraré la gloria del reino de Kouka, y si alguien
se interpone, incluso si es un dios, lo aplastaré»
. Esta propaganda de corte populista supone una
ruptura con la tradición, al cuestionar el poder del templo, y puede conllevar también sus peligros
ante la amenaza de ser censurado por los sacerdotes y ser acusado de infiel (como las excomuniones
de reyes en la cristiandad medieval). Ello además podría ser aprovechado por la princesa Yona, que
en alianza con el exiliado monje Ik-Soo en la búsqueda de los dioses-dragón, podría tratar también
de presentarse ante el pueblo, en su lucha por el trono, como la preservadora del orden celestial.

La leyenda de los dioses-dragón. Fotograma del anime.


3 – El realismo político: el bloqueo de la capital del clan del Viento

Tucídides, considerado el padre del realismo político, ilustra en el diálogo de los Melios como la
fuerza del poderoso siempre termina imponiéndose a la razón moral del débil (los melios desean ser
independientes y el derecho les ampara, pero los atenienses tienen la superioridad militar, por lo que
arrasan sin contemplaciones la isla de Melos y esclavizan a la población). En el reino de Kouka, el
realismo político aparece también con toda su crudeza en la trama de la ciudad de Fûga, la capital
del clan del Viento. Soo-Won, tras las reticencias iniciales de Mundok a aprobar su ascenso al trono,
comienza a sospechar del clan del Viento y le pide al general Kang Soo-Jin, el líder del clan del
Fuego, que movilice a sus tropas para prevenir una posible rebelión de la tribu del Viento. Justo en
ese instante, Mundok (temiendo tal vez ser también asesinado tras las amenazas de Soo-Won)
escapa a caballo de la capital imperial, rumbo a su feudo de Fûga (situado en una región montañosa
junto a la ribera de un caudaloso río), donde también llegan Yona y Hakk, para refugiarse tras sus
murallas. El clan del Viento es el único que apoya los derechos dinásticos de la princesa Yona.


Sin embargo, en seguida se produce el contraataque del poder imperial a través de una guerra
económica (lo que en la actualidad estudia la geopolítica de los recursos naturales). El río es
esencial para la vida en Fûga, pero su curso alto está controlado por la tribu del Fuego (partidaria de
Soo-Won), la cual ha desviado el curso fluvial y construido una enorme presa para dejar sin agua a
Fûga. Mundok, tras ser informado por Yona y Hakk del regicidio y ver confirmadas sus sospechas,
comprende enseguida que el desvío del río es una advertencia de Soo-Won para forzar al clan del
Viento a reconocerle como nuevo rey. Como solución de urgencia, Hakk sugiere comprar agua a los
mercaderes, ya que supone que deben disponer de reservas suficientes. Sin embargo, los soldados
de la tribu del Fuego se hacen pasar por bandidos y realizan una incursión contra los mercaderes (lo
que la doctrina militar denomina ataque de «falsa bandera»), para así evitar que puedan llegar a
Fûga, cortando los vitales suministros y comenzando el bloqueo económico de la capital del Viento.
Hakk y Mundok coinciden en que se trata de una provocación, pero que deben evitar la guerra a
toda costa, ya que detrás del clan del Fuego está el poder imperial de Soo-Won. Finalmente, Hakk le
pide a Mundok que acepte a Soo-Won como rey para que así la tribu del Fuego deje de desviar el
río y levante el bloqueo sobre Fûga. Como observamos, la realidad de la relación de fuerzas se
impone en la lógica de Tucídides (Yona es la legítima heredera y se ha producido un golpe de
Estado, pero el poder está ahora en manos del usurpador, que ha demostrado que puede asfixiar a la
capital Fûga. Por lo tanto, el realismo político obliga a renunciar a la justicia para salvaguardar la
propia existencia del clan del Viento (y que no les suceda como a los habitantes de la isla de Melos).


Hakk, Mundok y la princesa Yona en la capital del clan del Viento. Fotograma del anime.


4 – Alianzas estratégicas: la ceremonia de coronación y el festival de la Estrella


El príncipe Soo-Won es finalmente coronado en una ceremonia solemne en el castillo Hiryuu. En
sus pensamientos, se reafirma en que, a pesar de perder el amor de Yona y la amistad de Hakk (los
tres eran inseparables de niños), su traición era necesaria. Desde su perspectiva, «el fin justifica los
medios»; debía vengar a su padre, ocupar el trono y evitar que el reino de Kouka siguiera
hundiéndose en el abismo. Así, con la aprobación de las cinco tribus, es proclamado oficialmente
como rey y recibe los símbolos del poder. No obstante, Soo-Won, ya durante la misma ceremonia de
coronación, comienza a hacer cálculos políticos. Sabe que el respaldo sin fisuras del clan del Fuego
es fingido, ya que los Kang siempre han ambicionado el trono; de hecho, Kan Tae-Jun, el hijo del
general Kang Soo-Jin (líder de la tribu del Fuego) localiza a la princesa Yona gracias a sus espías y
organiza un pequeño ejército (sin avisar a Soo-Won) para tratar de capturarla por su cuenta (espera
poder contraer matrimonio con Yona para alcanzar el trono en un futuro).

El clan de la Tierra desea estabilidad ante todo, por lo que intuye que le apoyarán mientras demuestre ser un líder fuerte. El clan del Agua, por su parte, basa su política en la adaptabilidad, por lo que probablemente esperará para ver como se desarrollan los acontecimientos (siendo su apoyo incierto a largo plazo). Y obviamente, el clan del Viento (el clan de Mundok y Hakk, los protectores de Yona), a pesar de haberse visto obligado a doblegarse para detener la guerra económica contra su feudo de Fûga, siempre estará al acecho esperando el momento propicio para sublevarse. Pero es que además sus enemigos no son sólo internos: más allá de las fronteras de Kouka, los poderosos Estados de Kai,
Shin y Sei, probablemente aprovechen la inestabilidad política para invadir el reino. Soo-Won ha
logrado asaltar el trono, pero empieza a darse cuenta de una realidad: la precariedad de su poder.

Por ello, con el objetivo de apuntalar la lealtad del clan de la Tierra (el más poderoso militarmente,
y por tanto, cuyas tropas necesitará para las guerras venideras) Soo-Won decide organizar el festival
de la Estrella en Chishin, la capital de la tribu de la Tierra. El general Geun-Tea, el imponente líder
del clan de la Tierra, aún no respeta del todo al rey (piensa que se parece a un conejo por ser pálido
y delgado, y sobre todo, por no haber combatido aún en ninguna guerra). Además, el festival
también es una eficiente estrategia de lo que el sociólogo Jacques Ellul denominaba «propaganda
escapista»: canalizar las pasiones del pueblo a través de espectáculos de masas (el célebre «pan y
circo» de los romanos). No obstante, el espartano general Geun-Tea no lo entiende y, desde su
perspectiva, considera que el festival constituye un despilfarro innecesario para el tesoro público.
Este acto propagandístico organizado por Soo-Won consiste en una simulación de la guerra entre
dos ejércitos armados con platos, dirigidos respectivamente por el propio Soo-Won y el general
Geun-Tea, y divididos a su vez entre reyes, nobles y plebeyos, simbolizando así la estructura social
del poder (por ejemplo, el plato de cada plebeyo vale 1 punto, el de cada noble vale 5 y el de cada
rey vale 10). Además, los nobles pueden romper los platos de los plebeyos pero nunca el plato del
rey (Soo-Won pretende así reafirmar su poder, el poder real, frente al poder de los líderes de los
clanes, el poder nobiliario).

Cuando concluye el festival, Soo-Won no sólo ha logrado ganarse el respeto del general al demostrarle que también puede ser un rey guerrero, sino que además, debido al gran número de forasteros que han acudido al evento, logra iniciar la exportación del té de Sakura (un producto originario del clan de la Tierra) hacia el imperio Kai, vendiéndolo además como producto de lujo para evitar la fluctuación entre la oferta y la demanda. Con su calculado plan, SooWon comienza a perfilarse no sólo como un príncipe despiadado que asalta el poder, sino también como un hábil político capaz de aumentar su base social, un estratega militar capaz de hacer frente a agresiones externas y un gestor económico capaz de desplegar iniciativas que generen riqueza.

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La coronación del rey usurpador Soo-Won. Fotograma del anime.


5 – Corrupción, resistencia y liderazgo femenino: los piratas del puerto de Awa


Tras encontrar a dos de los dragones, Yona llega al puerto de Awa (enclave comercial situado en las
tierras del clan del Agua y el lugar donde se supone que se oculta el dragón verde). Es una opulenta
ciudad portuaria gracias al comercio con el imperio Kai, de dónde importa sedas, gemas y especias
(se menciona que en el puerto de Awa se puede conseguir prácticamente cualquier producto). Sin
embargo, los años del débil reinado del rey Il han hecho que caiga en manos del gobernador local
Yang Kum-Ji, un político mafioso y corrupto que ha creado su propio imperio mercantil basado en
el tráfico de esclavos y el comercio con opio. Su régimen se sostiene gracias a la compra de
voluntades y a la represión interna, con una población aterrorizada a la que obliga a pagar elevados
impuestos y de la cual se nutre para su turbio negocio esclavista (secuestrando mujeres jóvenes y
atractivas). Ante la pasividad del trono imperial, una valiente mujer marinera, la capitana Gi-Gan,
ha creado un grupo de piratas destinado a sabotear las actividades de Yang Kum-Ji a través del
abordaje y hundimiento de sus barcos (en cuyo interior transportan a las mujeres, para venderlas en
el Imperio Kai, y el opio, para comercializarlo en el puerto de Awa).

El dragón verde colabora con estos piratas de la resistencia, y el hecho de que la líder sea una mujer nos deja alguna que otra reflexión en clave feminista: «las mujeres también podemos pelear, así que no nos subestiméis» (exclama en una ocasión la capitana Gi-Gan, que a lo largo de toda la trama demuestra ser una mujer fuerte y hecha a sí misma que, a pesar de las barreras estructurales de género, ha logrado ganarse el respeto de la tripulación y convertirse en su líder). La tripulación la idolatra, la considera como una madre y acata todos sus decisiones con entusiasmo. Y es que, el gobierno pirata (a
diferencia del estatal o el del esclavista Yang Kum-JI) se basa en la meritocracia, por lo que
cualquier nuevo tripulante debe ganarse el derecho a subir a bordo con su propio esfuerzo (como le
ocurre a la princesa Yona, que se ve obligada a embarcarse en una peligrosa misión para buscar la
planta medicinal «Senjusou», en una especie de ritual de iniciación organizado por la capitana GiGan). Por ello, la trama de los piratas de Awa plantea un debate muy interesante respecto a la
clásica distinción tripartita sobre la naturaleza del poder que planteó Aristóteles: monarquía,
oligarquía y democracia. El rey Il gobernaba por ser el hijo del rey Junam (monarquía), el esclavista
Kum-Ji gobierna el puerto de Awa porque es el hombre más rico de la ciudad (oligarquía), pero en
la república pirata, la capitana Gi-Gan gobierna por haber sido elegida por su tripulación
(democracia). Igualmente, el conocimiento y la información son claves para el ejercicio de su poder,
como le recuerda a Yona mientras estudia la cartografía con detenimiento en su camarote.


Finalmente, es justo durante esta trama de los piratas del puerto de Awa cuando se produce la
eclosión del carisma de la princesa Yona, ya que su sentido de la justicia la hace ganarse la
admiración del dragón verde (un dragón que hasta entonces mantenía una posición completamente
apolítica), tras arriesgar su vida para recoger el «senjusou». Es decir, Yona, poco a poco, va pasando
de ser una niña mimada de la realeza (absolutamente desconectada de los problemas del mundo) a ir
forjando nuevos y poderosos aliados (incluyendo los dioses dragón), a los cuales recluta a través de
su liderazgo inspirador, un concepto acuñado por el politólogo Joseph Nye que define a un líder que
obtiene seguidores gracias a tres cualidades: comunicación, visión de futuro e inteligencia
emocional. Es decir, ella logra el apoyo de los dragones por legitimidad carismática, no tradicional
(el dragón verde lo deja bien claro al mencionar que no desea seguir a Yona por ser la supuesta
heredera de la profecía, sino porque su determinación, su valentía y su defensa de los oprimidos le
han conmovido).

Paralelamente, Yona va experimentando el despertar de su conciencia política, un concepto que proviene de la teoría marxista y que podemos encontrar en autores como Antonio Gramsci o el propio Karl Marx. La princesa del Amanecer pensaba que el reino era próspero y feliz
simplemente porque escuchaba que había paz (el «sentido común» que toda clase dominante trata de
proyectar para así lograr el consentimiento de los dominados), pero en realidad no quería ver la
realidad material de lo que ocurría fuera del castillo Hiryuu (corrupción, desigualdad, miseria).
Aunque el rey Il era una buena persona, la estructura social del poder en el reino seguía siendo la
misma, y además, su pasividad provocó que surgieran poderes locales corruptos como el de Yang
Kum-Ji. Con esta toma de conciencia, Yona comienza así su «viaje del héroe», pasando de ser la
princesa inocente a la líder carismática, dispuesta no sólo a recuperar el trono que usurparon a su
padre, sino también a romper las cadenas de los oprimidos, en un proceso de empoderamiento
femenino desde el exilio que recuerda mucho al de Daenerys Targaryen en Juego de Tronos.

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La capitana pirata Gi-Gan y la princesa Yona a bordo del barco. Fotograma del anime.

Bibliografía

  • Kelly, Paul. 2014: El libro de la política: grandes ideas, explicaciones sencillas. Madrid. Akal.
  • MAQUIAVELO, Nicolás. 2012: El príncipe: el manga. Barcelona. La Otra H.
  • BONIFACE, Pascal. 2024: Geoestrategix: un cómic sobre la geopolítica mundial. Barcelona.
    Lunwerg Editores.

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Miguel Candelas

Politólogo, experto en geopolítica y propaganda. Profesor en el Centro de Estudios de Geopolítica y Seguridad (CEDEGYS). Analista político e internacional en diferentes medios de comunicación y revistas especializadas. Autor de varios ensayos políticos, manuales de texto universitarios y juegos de mesa diplomáticos.

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